De todos los voluntariados que
hago a lo largo del año, el de hoy es uno de los más especiales y sobre todo
muy gratificante.
Dar de comer a 350 personas, cada
uno de ellos con una historia personal terrible, es algo difícil de explicar,
es un cumulo de sensaciones muy complicadas de describir.
La jornada comenzó a las 10 de la
mañana, nos encontramos el hall la estación del norte completamente vacío. Se necesitaron
4 horas y 50 voluntarios, para decorar la sala, poner las mesas con mucho
esmero, preparar las bandejas de comida fría y los postres.
Recibimos a nuestros invitados en
la puerta, y los acompañamos hasta la mesa donde serían atendidos y servidos
por cada de nuestros.
Dos horas de una magnifica comida
que fue cocinada por una gran cantidad de voluntarios/as que nos la traían hechas.
Un brindis todos juntos como una
gran familia, entrega de regalos personificados, y la despedida con palabras de
agradecimientos, besos y abrazos.
Una hora más para desmontar todo,
y nos marchamos con la sensación de que habíamos vivido
una experiencia inolvidable.
Muy feliz de poder dedicar mi
tiempo y mi amor a aquellas personas que, en la mayoría de los casos, carecen de
muestras de cariño.


